COMO EN CASA

COMO EN CASA

Narrativa: Tercera persona, Cámara

Óscar se situó frente al espejo mirándose fijamente. Las bombillas instaladas en la parte superior del mueble iluminaban su rostro. Giró la cara hacia un lado. La volvió a girar hacia el lado contrario.  

Bajó la vista al mueble del baño. Tenía un cajón a la izquierda. Lo abrió. Se giró hacia el lado derecho. Abrió otro cajón. Finalmente, centró la vista en el lavabo. Acarició el grifo, un moderno mono mando de aluminio plateado reluciente; con solo situar la mano debajo salía el agua. Lo hizo pero no funcionaba.

Tras él tenía la ducha. Se desabrochó la camisa y entró en el plato. Sobre su cabeza tenía un gran grifo redondo táctil del que salía el agua en diferentes presiones. Alzó la vista, pero tampoco funcionaba. El conjunto se complementaba con una mampara circular de cristal transparente acabada en bordes blancos.  Salió y la cerró.  Y a un lado, el inodoro empotrado en la pared. Las baldosas del cuarto de baño reflejaban su imagen como si de un cristal se tratara.

-Buenas tardes, señor. ¿Puedo ayudarle? – dijo una voz femenina a su espalda.

Se giró hacia ella. Era una joven, rubia, maquillada y peinada. Vestía uniforme y una tarjetita enganchada sobre la camisa indicaba su nombre: Isabel. Junto a ella había un guarda de seguridad, con cara seria.

-Sí… Bueno, no… ¡Sí!

Miró a su alrededor. No estaba solo. Un amplio grupo de curiosos de todas las edades lo observaban. Se abrochó la camisa.

-¡Mamá! ¿Este señor es un actor? – preguntó un niño a su madre, estirándole del brazo.

-¡No, no! Vámonos, que no está bien de la cabeza – exclamó la mujer, que agarró al crío de la mano y se dieron media vuelta.

-Pobre chico, tan joven… Creía que estaba en el baño de su casa… ¡Es una lástima! – comentó al oído, un hombre mayor a su esposa.

Una pareja de novios lo miraban y reían, mezclándose entre el resto de fisgones que se habían concentrado frente a la exposición de cuartos de baño.

-¿Sabe qué aquí no se puede estar? – le insistió la dependienta.

-¡Gracias!… Solo estaba comprobando los detalles – Óscar agachó la cabeza y bajó el peldaño de la exposición. Se intercaló perdiéndose entre el grupo de observadores, quienes lo dejaron pasar formando un estrecho pasillo. Durante el corto trayecto, unos y otros se giraban y se contagiaban la risa y los comentarios vulgares.

Continuó su camino hacia la escalera mecánica, desde donde descendió a la planta inferior. Aquí, un cartel de grandes letras en color verde sobre fondo blanco indicaba: ROPA DE CASA. Debajo, una cama se presentaba ante él, cubierta por un edredón y adornada con un montón de cojines de diferentes tamaños y colores. Lo levantó y se sentó. Justo cuando se disponía a descalzarse, un guarda de seguridad le agarró por el brazo y lo echó de la exposición.

-¡Acompáñeme! – le ordenó – . ¿No ve que esto no es su casa?

-¡Entonces ustedes mienten! ¡Yo solo quería comprobar qué era cierto lo que indicaban en la publicidad!

-¡Tire para adelante y cállese!

El hilo musical que ambientaba la tienda con una pegadiza melodía, no paraba de repetir el eslogan: “rebajamos los precios para que se encuentre como en casa”.

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